Un correntino realiza un máster en la mítica Universidad de Oxford



Patricio Figueroa es ingeniero industrial. Durante un período de 5 años trabajó en Buenos Aires y Montevideo. Salió de su zona de confort, renunció a su trabajo y se aplicó a exámenes para cumplir el sueño de estudiar en la legendaria universidad británica. Entre melancolía de mate y chipá planea regresar a Argentina a volcar la experiencia adquirida.

Pese a que cuatro horas separan a Corrientes de Oxford, Patricio responde la solicitud de mensaje en Facebook a los pocos minutos y relata su historia, cargada de superación personal y profesional pero principalmente de dedicación y esfuerzo. Sin esos dos componentes no podría haber cumplido el anhelo que deseó desde pequeño, cuando discutía con su abuelo sus proyecciones.



Aunque Patricio partió de Corrientes en 2004, no reniega de sus orígenes. Todavía admite que se le escapa un ¡chaque! cuando teme que el trajín del tráfico inglés se lleve algún peatón por delante. Recibido en el Saint Patrick en el año 2003, decidió instalarse en Buenos Aires donde cursó en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires y se recibió de ingeniero industrial.

Rápidamente vinieron las responsabilidades laborales. Primero trabajó durante tres años en el grupo empresario multinacional ítalo-argentino Techint en Buenos Aires. Luego tuvo que armar sus maletas y partir a Montevideo, capital de Uruguay donde estuvo dos años hasta que renunció y partió hacia Oxford para realizar un MBA, cuya traducción al castellano sería “Máster en Administración de Negocios”.



Explicado en “simple”, esta importante capacitación le permitirá conocer todo sobre la “optimización de procesos, de todo tipo de procesos, no solo industriales”. La idea básica, detalla es “cómo hacer lo que estás haciendo pero mejor, más rápido, más barato, con menos recursos y más eficientemente”.

Esta sería la historia breve. El camino no fue tan sencillo. Llegar a realizar algo que en su momento parecía “inalcanzable para un chico de Corrientes”, le obligó a una intensa preparación y le significó superar varios exámenes, realizar cinco ensayos y completar “un formulario larguísimo de aplicación”.


Recién pasado este período llegó la parte de las entrevistas. Por su lejanía a él lo entrevistaron vía Skype y las buenas noticias no le llegaron enseguida. Tuvo que esperar una semana para enterarse, mediante un e-mail, que había sido aceptado en la prestigiosa casa educativa.

Cuenta que, justo en ese momento, estaba en medio de una reunión laboral y apenas lo leyó lanzó un ¡Sí! que le valió varias miradas de sus compañeros. Curiosamente fue aquel trabajo el que decidió dejar para instalarse en Oxford en septiembre del año pasado.

La experiencia Oxford

En el intento de explicar su experiencia la compara con la popular película Harry Potter, “pero sin magia”. Inmediato al ingreso, explica, hay que aplicar para ser parte de alguna de los 38 “colleges” que posee la universidad. Los colleges serían esos clubes universitarios que conocemos de las películas.

Ser parte de uno significa estar inserto en un montón de actividades extrauniversitarias. En su caso y siendo miembro de Green Templeton, pudo acceder a un departamento y además desempeñarse en fútbol, remo y baile de salón y también asistir a bares, fiestas y eventos exclusivamente organizados por su “college”.

La universidad de Oxford es la casa de estudios superiores más antigua del mundo. Se fundó en el año 1200. Se entiende entonces que formar parte de su comunidad significa acostumbrarse a tradiciones que persisten a través de los siglos. Por ejemplo la del clavel.

“Cuando rendís tu primer examen vas con un clavel blanco en el ojal, el resto de los exámenes con uno rosado y el final con uno rojo, se dice que por buena suerte y para demostrar el gradual aprendizaje”, señala Patricio.

Por su prestigio indiscutido es un sitio que, además de albergar a alrededor de 153 mil estudiantes brillantes y de poseer un porcentaje de admisión de solo un 18% de los aplicantes, es un espacio que permite escuchar y conocer a personalidades famosas de toda índole.

“Yo tuve la suerte de estar con Elton John, Ruud Van Nistelrooy, Kofi Annan (ex secretario general de la ONU y premio Nobel de la paz), George Foreman (ex boxeador estadounidense), Reid Hoffman (fundador de Linkedin), el jugador Clarence Seedorf, John Kerry (secretario de estado de USA) y un larguísimo etcétera”, precisa.

El futuro y su mensaje a los estudiantes

Pese a admitir la falta que le hace el mate y el chipá, Patricio no cambiaría por nada su vivencia actual. Cuando finalice su master la idea es quedarse “un par de años” trabajando en Inglaterra “para luego volver a Argentina”.

Cuando se le pide un consejo para estudiantes que tal vez están tambaleando entre las ganas de ir detrás de su sueño y el temor de dejarlo todo, les dedica este mensaje: “A todos los estudiantes correntinos les diría que llegar acá es perfectamente posible y está al alcance de todos. Hay que estudiar mucho, y meterle mucho esfuerzo, pero llegar se llega”.

Su mensaje final termina con un consejo medio en broma, medio en serio: “No se olviden de llevar un poco de fécula de mandioca en la mochila, porque eso sí que no pude conseguir por ningún lado y me estoy muriendo por comer un buen chipacito!”.
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