Messi, el mejor pero no el campeón

La Pulga erró su penal y quedó destruido. Sus gestos en la definición fueron muy elocuentes. Argentina volvió a perder otra final y ya es una maldición.


No lo puede creer, Messi. No lo puede creer. Tres finales jugadas seguidas y tres perdidas. Y esta vez se puede sentir, probablemente, un poco más culpable que las otras ocasiones. Porque Leo erró su penal en la definición de la Copa América Centenario ante Chile.

Chiquito Romero le había atajado el primer tiro de la serie a Arturo Vidal. Y él, el mejor jugador de estos tiempos, abría la serie para Argentina. Pero su remate se fue por arriba del travesaño. Y eso lo quebró.

El resto de la tanda estuvo ido, con la mirada perdida. No lo podía creer. Se le estaba escapando otra chance más de ganar un título con la camiseta que más quiere, la albiceleste. No quería mirar. Se tapaba la cara con la camiseta, no quería saber nada.

Claudio Bravo se lo tapó a Lucas Biglia y Francisco Silva metió el suyo y la copa se la llevó Chile. Y no Argentina. Otra vez.

En medio del desconsuelo argentino, Leo se arrodilló en la cancha, desconsolado. Se fue a sentar al banco de suplentes. Solo. Alejado del resto. Aislado. Incrédulo. Dolido. Quebrado. ¿Será una maldición? ¿Por qué a él? ¿Por qué al mejor?
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